lunes, 15 de octubre de 2012

Operativo en Tiripetío para recuperar unidades secuestradas por normalistas


MÉXICO, D.F., (proceso.com.mx).- El subsecretario de Gobierno de Michoacán, Fernando Cano Ochoa, informó que las corporaciones de policía federal y estatal tomaron el control las escuelas normales de Tiripetío, Cherán y Arteaga.
A las tres de la mañana de este lunes inició el operativo con la participación de 500 policías. Un total de 200 normalistas han sido detenidos.
Durante el operativo fueron recuperados diez vehículos que los estudiantes mantenían bajo su custodia, precisó el funcionario.
Desde hace diez días los normalistas mantenían tomados los planteles. Aparte, mantienen bloqueado un tramo de la Autopista Siglo XXI para exigir la liberación de 120 compañeros.

La historia secreta de “El Lazca”


Heriberto Lazcano Lazcano Foto: Especial
Heriberto Lazcano Lazcano
Foto: Especial
El gobierno federal no necesita de la DEA para ofrecer datos contradictorios sobre Heriberto Lazcano, el ultimado líder de Los Zetas, ya que los propios archivos militares, policiales y del Cisen ofrecen versiones distintas. Sin embargo una ficha realizada por este centro de espionaje controlado por Gobernación, que abarca hasta 2007, contiene datos inéditos sobre la trayectoria del capo, historia que hasta ahora se mantenía en secreto.
MÉXICO, D.F. (Proceso).- Heriberto Lazcano Lazcano se convirtió en un dolor de cabeza para la Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) desde el 18 de febrero de 1998, cuando fue detenido por primera vez en Reynosa, Tamaulipas, en una camioneta Chevrolet Silverado con 325 kilogramos de mariguana. Y todo indica que lo seguirá siendo, aun después de que el gobierno federal lo ha declarado muerto.
En ese momento El Lazca o Z-3, como también se le conoce, ya había cruzado la línea que separaba su trabajo como policía judicial federal adscrito a Tamaulipas y la ilegalidad. Trabajaba ya para el crimen organizado, al que perteneció hasta el domingo 7, cuando fue presuntamente acribillado por la Marina. Su carrera criminal dejó una estela de muerte, violencia e impunidad.
Proceso accedió a una ficha elaborada en 2007 por el Centro de Investigación y Seguridad Nacional (Cisen) y que concentra información recabada durante años por esta oficina de inteligencia.
La ficha dibuja claramente la trayectoria del cabo de infantería que se convirtió en uno de los criminales más violentos y poderosos en la historia de México, cuya organización –bautizada como Los Zetas– importó tácticas, disciplina y usos y costumbres del Ejército para el servicio del crimen organizado, lo que aumentó su eficacia y peligrosidad.
Dicha información contiene datos hasta ahora desconocidos y revela un punto de quiebre, cuando el buscado narcotraficante y líder del grupo paramilitar decidió dejar las filas del gobierno para trabajar de lleno en las del narcotráfico. Ésta es la historia secreta de El Lazca.
Nació en Navidad… tal vez

Heriberto Lazcano Lazcano, también conocido como El Verdugo, nació en la Navidad de 1974 en Pachuca de Soto, Hidalgo, se afirma en la ficha del Cisen. Esta información coincide con aquella que la agencia antidrogas de Estados Unidos (DEA) difundía en su página electrónica ofreciendo una recompensa de 5 millones de dólares por el líder de Los Zetas. Aunque la ficha también señala que “en los registros de Estados Unidos aparece como fecha de nacimiento el 1 de enero de 1970”.
Llama la atención que la fecha de nacimiento registrada por el Cisen no coincide con la del banco de datos del gobierno federal –hasta ahora desconocido–, en el cual presuntamente se consultaron las huellas dactilares del cadáver que el gobierno identifica como el de Lazcano. De acuerdo con ese archivo, el capo nació en 1975. Que haya una discrepancia entre el gobierno de EU y México no es extraordinario, pero una discrepancia entre los registros del propio gobierno federal sí llama la atención.
Al padre de El Lazca se le menciona como Gregorio Lazcano García y a su madre como Amelia Lazcano Pérez. A Verónica Abigaíl Flores Rodríguez se le ubicaba como una de sus parejas sentimentales.
Información de la Sedena obtenida por la Ley Federal de Transparencia y Acceso a la Información Pública señala que Heriberto Lazcano se dio de alta en el Ejército el 5 de junio de 1991, a los 17 años. Ingresó como uno más de la tropa, con la matrícula B-9223601, y en 1993 ascendió a cabo de infantería, el primer escalón de la jerarquía militar. En ese puesto, reconoce la Sedena, aprendió el manejo de “armamento especial” y a “comandar escuadras”.
Según la mencionada ficha del Cisen, Lazcano fue integrante del Grupo Aeromóvil de Fuerzas Especiales (GAFE), cuerpo de élite creado, irónicamente, para combatir al narcotráfico.
De “gafe” a “judas”
Según la información del Cisen, a los 23 años Lazcano causó alta en la Procuraduría General de la República (PGR) como policía judicial federal y fue destacado en Tamaulipas, tierra del Cártel del Golfo cuyo líder, Juan García Ábrego, fue detenido y extraditado en 1996. Cuando Lazcano llegó al estado, el nuevo capo era Osiel Cárdenas Guillén, apenas siete años mayor que él.
De acuerdo con información recabada por fuentes militares, en 1997, cuando Enrique Cervantes Aguirre era secretario de la Defensa, comisionó a cientos de soldados para reforzar las operaciones de la ya muy corrompida Policía Judicial Federal que dirigía el general Guillermo Álvarez Nahara. Fue uno de los primeros experimentos serios del gobierno federal de sacar a miembros del Ejército de sus cuarteles y encargarles tareas policiacas, con resultados terribles.
En Tamaulipas esos jóvenes policías pronto fueron cooptados por el Cártel del Golfo; uno de ellos era Lazcano. Y con el tiempo se convirtieron en el brazo armado de la organización delictiva, los temidos Zetas.
En la ficha del Cisen se establece que Lazcano ingresó a la PGR el 15 de junio de 1997 como “agente C”, fue asignado a la delegación de Tamaulipas y dado de baja el 30 de octubre de 1997.
El documento informa que el narcotraficante perteneció al GAFE, del cual no desertó sino que se dio de baja el 15 de abril de 1998. El lema del cuerpo militar era: “Ni la muerte nos detiene y si la muerte nos sorprende, bienvenida sea”, el cual parece haber aplicado El Lazca en su carrera delictiva.
El 18 de febrero de 1998 personal de la Sedena detuvo en Reynosa, Tamaulipas, al Lazca con Julián Ramírez Carranza, Roberto Pérez Sierra y Martiniano de Jesús Jaramillo Silva. Se les aseguró un vehículo Chrysler Dodge tipo Van, modelo 1983, con placas de circulación ZYJ2795 de Estados Unidos, así como una camioneta GMC Chevrolet Silverado pick up, modelo 1994, color café y sin placas de circulación. Llevaban 325 kilos de mariguana y un teléfono celular, señala el documento confidencial del Cisen.
Esto ocurrió sólo ocho meses después de que el hidalguense había llegado como policía judicial a Tamaulipas, lo que revela que la cooptación del Cártel del Golfo a los gafes convertidos en judiciales fue muy rápida. Junto con Lazcano también se pasó a las filas del crimen organizado otro gafe que se desempeñaba como judicial: Arturo Guzmán Decena, el primer líder de Los Zetas.
En ningún renglón de la ficha se explica por qué, pese a la detención y el decomiso de droga, Lazcano fue puesto en libertad. Sólo se indica que después del suceso fue dado de baja de la PGR y del Ejército.
Según el archivo del Cisen, el primer gran escándalo en el que se implicó Lazcano fue el asesinato del comandante Jaime Rajid Gutiérrez Arreola, de la PJF, el 21 de marzo de 1999, a la altura del kilómetro 8+900 de la carretera Reynosa-Camargo.
El boletín número 244/99 de la PGR informa textualmente que por este homicidio se giró orden de aprehensión:
“Por la comisión de diversos delitos como son: Delincuencia Organizada, Homicidio, Contra la Administración de Justicia, Abuso de Autoridad y Encubrimiento, entre otros, en contra de: Lic. Carmen Oralio Castro Aparicio, ex-delegado de la PGR en el estado de Tamaulipas; Lic. Aurelio Soto Huerta, ex-subdelegado; Andrés y José Isabel López Rivas, Gabriel Ángel Gutiérrez Portillo y Ramiro García Eugenio, todos ellos ex-agentes de la Policía Judicial Federal; Juan Antonio Contreras Domínguez (a) El Tony y Manuel de Jesús Siordia Franco (a) El Manolo (civiles extraños a la delegación estatal); Eduardo Rendón López, Ministerio Público de la Federación; y Jorge Calderón Frías, médico legista del gobierno del estado de Tamaulipas; así como del narcotraficante Oziel Cárdenas Guillén.”
Ahí se afirma que la muerte de Gutiérrez Arreola “no fue resultado de un enfrentamiento a balazos con narcotraficantes, como se quiso hacer creer en la investigación original que se practicó por la delegación estatal de la PGR en Tamaulipas, sino que ésta se debió a una discusión por cuestiones monetarias derivadas de actividades ilícitas, en la cual estuvieron presentes: Carmen Oralio Castro Aparicio, Aurelio Soto Huerta, Juan Antonio Contreras Domínguez (a) El Tony, Manuel de Jesús Siordia Franco (a) El Manolo, Andrés y José Isabel López Rivas, Gabriel Ángel Gutiérrez Portillo y Ramiro García Eugenio, así como, a dicho de los inculpados, el narcotraficante conocido como Oziel Cárdenas Guillén”.
Pero en la ficha del Cisen se agrega que, según testimonio de la colombiana Andrea Posada Williamson, novia de Cárdenas Guillén detenida en noviembre de 2000, para entonces Lazcano ya era el encargado de la seguridad del capo del Cártel del Golfo.
Domicilios sospechosos
En la ficha del Cisen, que data de 2007, se hace referencia a varios domicilios relacionados con Lazcano, los cuales, se puede suponer, eran pistas para localizarlo. Pese a esto el capo no fue aprehendido.
El gobierno federal investigaba las siguientes direcciones en Pachuca: Privada Valle de Seco, casa 4, fraccionamiento Arboledas de San Javier; Retorno 4, Camelias 122, fraccionamiento Paseo de Camelias; Valle Imperial 150, fraccionamiento San Javier; y avenida Álamo y calle de Sabino 107, en la colonia Tezontle, donde Lazcano patrocinó la construcción del centro de catequesis Juan Pablo II de la iglesia de Nuestra Señora de San Juan de los Lagos.
También se relacionaba con él un domicilio en Vicente Rivapalacio 805, colonia Guadalupe Victoria, de Coatzacoalcos, Veracruz.
La ficha detallaba: “Información reciente señala que conduce una camioneta Sonora color azul con placas XBP1224, registrada a nombre de Jorge Reynaldo Alvarado Aguilar, con domicilio en calle La Playa, colonia Villa del Mar en Matamoros, Tamaulipas”, así como otro vehículo con matrícula RZV4109 que tenía registros de viajes a Estados Unidos y relacionaba a Los Zetas con ciudadanos de Jordania: “Las personas que manejan estos dos vehículos tienen conocidos en el mismo domicilio en San Antonio, Texas; uno de estos asociados es de nacionalidad jordana”.
Y se añade un domicilio más “en Plaza San Marcos Poniente 204, de la colonia Valle de San Ángel, Sector Francés, en Garza García, Nuevo León, el cual es utilizado por dos o tres presuntos kaibiles y una persona no identificada, al parecer Heriberto Lazcano Lazcano”.
Pese a toda esa información el gobierno nunca dio con él. Ahora, cuando oficialmente está muerto, lo sigue buscando.

El cadáver exhibido “no es del Lazca”


PATRICIA DÁVILA
15 DE OCTUBRE DE 2012 ·
REPORTAJE ESPECIAL
El supuesto Lazca Foto: Semar
El supuesto Lazca
Foto: Semar

El supuesto Lazca
Foto: Semar
De acuerdo con expertos en criminalística y ciencias forenses que laboran en el ámbito judicial consideran falso que el cadáver presentado por la Secretaría de la Marina Armada de México (Semar) y el gobierno de Coahuila como el de Heriberto Lazcano Lazcano corresponda realmente al del líder de Los Zetas.
A petición de Proceso, especialistas de varias instituciones que pidieron el anonimato realizaron una identificación criminal empleando fotografías del cadáver exhibidas por la Semar, así como las imágenes en que el jefe de Los Zetas aparece en vida. Este ejercicio lo realizaron con base en el dictamen médico legal de la necropsia difundido por la prensa el viernes 12.
“El día 7 de octubre de 2012, en el anfiteatro de la Funeraria García, de Sabinas, Coahuila –señala el documento–, el perito médico forense de la PGJE (Procuraduría General de Justicia del Estado) realizó la necropsia de ley al cadáver de una persona que se tenía como no nombre (nn), emitiendo el dictamen médico legal de necropsia en los términos siguientes:
Examen traumatológico: “Herida (ocasionada) por proyectil de arma de fuego de grueso calibre con orificio de entrada en región occipital, alojando el proyectil en la base del cráneo, en la parte anterior izquierda, con trayectoria de atrás hacia adelante, de abajo hacia arriba y de izquierda a derecha”.
Una segunda herida “por proyectil de arma de fuego de grueso calibre con orificio de entrada en la parte posterior de la región parietal izquierda y orificio de salida en región parietal derecha, que fracturó el hueso occipital”, además de otras cuatro heridas, también por proyectil de arma de fuego, que en opinión de los especialistas no son causa de fallecimiento: una en el glúteo derecho, otra en el glúteo izquierdo, la quinta en la región pectoral derecha –debajo de la tetilla– y la sexta en el codo derecho.
–¿En la herida número uno encontró incongruencias –se le pregunta a uno de los especialistas.
–Sí. Porque, ¿cómo es posible que una bala de grueso calibre se aloje en la base del cráneo? Normalmente, cuando son proyectiles de esta dimensión entran y salen, la atraviesan completamente porque el poder de destrucción es muy alto. Es el mismo efecto que los humanos tenemos cuando nos disparan en la cabeza, salvo en calibres pequeños: las paredes del cráneo pueden resistir esos impactos. Sin embargo, la Semar dice que los marinos dispararon a una distancia de 30 metros. ¡Imagínese el poder de fuego que tiene el arma para disparar de esa distancia y darle a la cabeza a alguien! No es común. No es normal que el rostro del cadáver esté completamente limpio.
–En la población de Progreso, donde, según las autoridades, fue abatido El Lazca, una testigo declaró al periódico Excélsior que a uno de los ejecutados lo obligaron a hincarse y luego le dispararon…
–Como no tenemos acceso al resto de la información –sobre todo a los indicios que nos permitirían reconstruir el hecho o por lo menos acercarnos al mismo a través de las fotografías y el rastreo pericial que levantan– , no sabremos si efectivamente se realizaron estas maniobras en este lugar.
–Si fue como ella dice, ¿su versión se ajusta a las características de algunas de las heridas?
–Coincide con la herida número uno. Lo tienen boca abajo y tirado en el piso; bien podría concordar. Pero, repito: tendríamos que tener acceso a más documentación para buscar otros indicios, como rastros de pólvora o quemaduras, porque el cadáver, o al menos la parte que nos muestran de él, no tiene quemaduras.

Imágenes manipuladas

Otro de los peritos consultados se refiere a la herida dos:
“La necropsia dice que entra (una bala de grueso calibre) en la parte posterior de la región parietal izquierda y sale por la derecha –esta región es el hueso que tenemos por arriba de la oreja–, y que el orificio de salida en la región parietal derecha fractura el hueso occipital. Si uno se toca atrás de la cabeza, sentirá una protuberancia, como una bolita, ese es el hueso occipital; o sea que la bala penetra y rompe todo el cráneo y fractura este hueso. Y si nos fijamos en las fotografías donde el muerto aparece acostado y se le ve la oreja derecha, no aparece ningún orificio de salida”.
Incluso muestra imágenes que circulan en internet: “Fíjese –dice– cómo el cadáver está en posición de tres cuartos y se le ve claramente la oreja del lado derecho. Y por arriba de ella está el hueso occipital por donde supuestamente salió la bala… No se ve ningún orificio”.
–¿Esto qué quiere decir?
–Que las imágenes presentadas al público están manipuladas y fueron hechas especialmente para aparentar que la víctima es El Lazca. Sin embargo, el protocolo de necropsia y lo que nos muestran los medios no es lo que sucedió. Científicamente no es posible comprobar la identidad de este sujeto por lo que nos están diciendo. Científicamente, las fotografías que nos presentan no concuerdan con las que conocemos de él. ¡Imagínese! Se ha difundido que la Marina utilizó armas de 2.23 mm. Con su poder destructivo, le hubiera volado la cabeza. Es sencillo: no concuerdan las armas utilizadas con las lesiones que presenta el sujeto fallecido.
–¿Y en cuanto a la herida tres?
–El resto de las lesiones no son importantes para un uso criminalístico mortal porque no causan la muerte. Las importantes son las de la cabeza.
–¿Estas son las dos heridas que, al comparar los cuerpos en fotografía, nos hacen estar seguros de que no se trata de la misma persona?
–Sí. Si usted observa las imágenes del sujeto, verá que las regiones en las cuales deben aparecer heridas, no tiene lesión alguna.
–El médico forense de Coahuila declaró que no eran seis, sino cinco las heridas, y también dijo que había señales de cirugía plástica en las orejas. ¿Es lógico que alguien se opere las orejas y no el resto de la cara?
–Es ilógico. Ahora que ya no tienen el cuerpo, cómo es posible que salga un doctor a decir que tenía una cirugía plástica en las orejas, cuando lo debieron haber dicho desde un principio; y ahora retiran las fotografías de internet para que no se vea la comparación. El certificado debió incluir las cicatrices y las heridas encontradas en el sujeto.
–En algunos sitios de internet circula una fotografía del cuerpo donde aparece con la frente y parte de la nariz deshechas, además de una herida en el labio. ¿A cuál de las heridas de la necropsia corresponde?
–Tendría que ser a la primera, porque cuando el proyectil disparado por arma de fuego entra en la región occipital, es decir en la nuca, de arriba hacia abajo, la bala pega en el hueso contrario, que es el hueso frontal. Pero el sujeto que nos presentan no tiene ninguna herida. O nos hicieron un photoshop o un gran teatro.

Escenarios inverosímiles

Los peritos consultados aceptaron realizar el análisis de manera no oficial, sólo por “inquietud” forense, para saber si las cosas están bien o mal hechas.
–¿Y cómo están? –se le pregunta a un tercer experto.
–Estaban mal hechas. Ahora, sobre la marcha, tratan de recomponer la situación.
–¿Puede ser que Lazcano Lazcano no esté muerto?
–Hasta no tener las pruebas de ello, afirmarlo sería faltar a una ética profesional.
Algunos peritos realizaron una explanometría facial, tanto al rostro del cadáver como a una fotografía tomada a Lazcano cuando aún vivía.
–¿Qué indican las mediciones? –se les pregunta a los peritos.
–No concuerdan. El estudio denominado explanometría facial consiste en realizar ciertas mediciones en el rostro de las personas para tratar de identificar esas pequeñas características que son únicas y que a pesar de que se practique cualquier operación, no variarán. Son perennes –dice uno de ellos.
Explica que estas características son la comisura de los labios, el tamaño de las orejas y de los huesos de los pómulos, así como las “entradas” entre el cabello.
–¿Qué resultados obtuvieron?
–Lo que nos provoca dudas es la posición de las orejas. Dicen que se las operó, pero aun así no concuerdan, porque una cosa es operarse las orejas y otra es cambiarlas de lugar. Las orejas están en diferente lugar. En la foto del vivo la altura de la oreja está sobre la elevación del ojo, mientras que en la foto del muerto está aún más arriba que la oreja del vivo.
En cuanto a la comisura de los labios, se realizaron superposiciones en las que se acomodan de manera muy evidente; sin embargo, en la foto del sujeto cuando estaba vivo están más pequeñas que en el fallecido.
En cuanto al tamaño de los huesos del pómulo, estos son más prominentes en el vivo que en el muerto, “a menos que un doctor le haya recomendado rebajarse los huesos; pero es una operación que aquí en México no se lleva a cabo, y sinceramente no creo que se la haya practicado”, afirma.
Por lo que respecta a las “entradas”, si bien son similares, en las fotos del sujeto vivo, están más cerca de la ceja, mientras que en el muerto están más alejadas. Sé que se pueden quitar, pero como es un rasgo genético, las entradas de pelo regresan a su lugar.
–Decía usted que estos rasgos genéticos no cambian. ¿No se modifican cuando la persona muere?
–No. Salvo que el cuerpo esté putrefacto.
–¿Cuál es la conclusión a la que llegan ustedes?
–Que el sujeto que nos están presentando como Heriberto Lazcano no es él. Salvo que tengamos más elementos, más indicios y acceso al expediente, podríamos cambiar de opinión. Hasta ahora, con el conocimiento científico que poseemos podemos determinar que no son la misma persona.
–¿Qué genera este tipo de posibles errores forenses?
–Que la mayoría de la gente no nos crea. Hay casos en la opinión pública que han sido muy sonados –como el de la niña Paulette, en el Estado de México–. No es posible perder años de experiencia y de estudio por el mal manejo que se hace de estas informaciones. A los expertos forenses nos están destruyendo. Son situaciones que desprestigian a los forenses que realmente estudiamos y que tenemos el interés de que esto se resuelva de manera imparcial.
“Espero que los expertos forenses tengamos un lugar preponderante en este tipo de situaciones y que el gobierno mexicano voltee la vista a la ciencia. Dejarse de hacer lucubraciones, cuentos y engañarse a sí mismo. Y que la ciencia permee las investigaciones criminales como se hace en todo el mundo, menos en México”, concluye el último de los entrevistados.
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